Economía y Empresa

Que es el TTIP: El tratado secreto de Europa y EE.UU

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Afectará a 800 millones de personas. Las dos potencias que lo firmarán representan más del 40% del PIB mundial y la tercera parte de los intercambios comerciales del mundo. Sin embargo, es todo un secreto lleno de polémica. En gestion.Org repasamos algunos de los puntos más polémica han suscitado.

Su objetivo es crear normas para todos los campos: lo social, lo económico, lo técnico, lo medioambiental, la sanidad, la justicia, el comercio, el acceso a los medicamentos, la seguridad, la protección de los datos digitales, la regulación de las finanzas, la educación o el código de trabajo.

La propia crisis económica es la justificación de un proyecto que pretende además liberalizar las relaciones comerciales entre las dos áreas comerciales más grandes del mundo. El flujo de exportaciones de Europa a EE.UU es de 356,8 billones de euros y de 457,1 billones de euros en sentido contrario.

Se trata de constituir un gigantesco mercado con sólo dos socios, que pertenecen a la esfera occidental, pero que no funcionan con los mismos valores ni con la misma jurisprudencia y que además negocian el asunto en secreto. Lo que ha hecho saltar las alarmas.

Es lo que están haciendo la Unión Europea y los EE.UU., aunque la discusión alrededor del tratado viene de largo, de mediados de 2013.

Lo que no evitará que, según muchos expertos, el texto adolezca de dos vicios: uno del mismo hecho de que se negocie, precisamente, a escondidas de la ciudadanía y el segundo tiene que ver con el poder que pueden alcanzar las grandes empresas europeas y norteamericanas si se firma.

Reacciones

Las hay para todos los gustos. Sus defensores lo presentan como una oportunidad de eliminar los aranceles que limitan el comercio de productos agrícolas e industriales, de abrir los mercados a las inversiones, los servicios y la contratación pública, al tiempo que se homogeneizan las normas y requisitos para comercializar bienes y servicios.

Sus partidarios defienden además que el tratado traerá consigo un crecimiento y desarrollo que hará que Europa sea un gigante comercial. De hecho, apuntan que, cuando se aplique el acuerdo, EE.UU y Europa ganarían un 0,05 puntos de crecimiento por año.

Los que se oponen a él, principalmente ecologistas, arguyen lo contrario y pronostican el fin del proyecto europeo, pero también una forma de continuar con la crisis, ya que la experiencia de anteriores acuerdos internacionales de libre comercio que favorecían la liberalización de mercancías, pero no la libre circulación de trabajadores, acabaron por limitar la capacidad de negociación de los sindicatos, al tiempo que se reducían los salarios y aumentaba la desigualdad social. .

Por su parte, el Observatorio Europeo de las Corporaciones (CEO en inglés) ha denunciado la fuerte presión de los lobbies empresariales a Bruselas en todo lo que tenga que ver con el tratado.

El Observatorio recibió 44 documentos sobre reuniones de lobbies con la Comisión, 39 de los cuales estaban censurados. Es el caso de los encuentros a puerta cerrada con grupos como la Cámara de Comercio de EE.UU, BMW o la federación industrial alemana (BDI).

¿Qué dice la propia Unión Europea al respecto? Pues no hace autocrítica. Asegura que el acuerdo es ambicioso y comprensivo, y que las negociaciones van por buen camino.

No se pronuncia ni sobre la transparencias de las negociaciones o los escándalos destapados por el ex agente de la NSA Edward Snowden sobre la protección de datos o la seguridad alimentaría.

Sin embargo, algunos eurodiputados defienden dicha transparencia, ya que en su opinión se informa al Parlamento Europeo, así como añaden que no todos los grupos pueden estar en la mesa de negociación.

Sistemas judiciales y liberalización de los mercados

Otro aspecto peliagudo o que genera cierta polémica es el de los sistemas judiciales. Entre lo que se ha conocido está que EE.UU quiere que las empresas puedan denunciar a los estados si estos aprueban cualquier ley que perjudique la actividad empresarial que se hubiera aprobado anteriormente.

Por lo que respecta a la liberalización de los mercados, otro de los puntos en discordia es el que tiene que ver con la seguridad alimentaria, ya que en EE.UU se comercalizan alimentos bajo leyes mucho más permisivas que las europeas, que velan más por la salud del consumidor.

Pero también es cierto que la apertura de mercados permitiría a España exportar frutas, hortalizas, aceite o jamón a EE.UU, aunque por contra el sector ganadero podría verse afectado porque el estadounidense maneja precios mucho más competitivos.

En cualquier caso, para muchos expertos, el tratado viene a ser mucho más que comercio. ¿Por qué? Porque lo que está en juego es un modelo para competir con China y construir una gran sociedad, que, paradójicamente, debe conjugar, como decíamos antes, dos modelos con fuertes diferencias, sobre todo por lo que se refiere al estado de bienestar. Europa es mucho más social que EE.UU. Que se pierda ese bienestar con la firma del tratado es algo a lo que muchos temen.

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