Gestión Financiera

En los momentos difíciles renacer para volver a ser

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Siempre se ha dicho que lo importante no es no caer, sino que lo importante es levantarse. Pues bien tan importante como levantarse, es levantarse sabiendose reconvertir.

En la actualidad hay muchos empresarios y muchos profesionales perdidos y hundidos, profesionales y empresarios que han luchado toda una vida y que ven como ahora todo se les desmorona bajo a sus pies, y como el cambio que se les produce es tan elevado y de tan magnitud que en muchos casos se sienten incapaces de afrontar.

Normalmente en esta plataforma escribo artículos de gestión pura, a veces doy datos, a veces doy consejos, a veces me inspiro en noticias que me gusta transmitir. Hoy en este artículo quiero hacer algo distinto, algo diferente, algo dirigido a todos aquellos empresarios que se encuentran en la cuerda floja, a aquellos que se dan cuenta como su negocio, por el que tanto han luchado se esta quedando tan obsoleto que ya no pueden seguir para adelante, y que no encuentran la forma de revertirlo, pues para que deje de ser obsoleto las herramientas de antaño ya no sirven, pues el mundo ha cambiado, la realidad es diferente. Y todo esto quiero hacerlo con un formato no habitual, prácticamente experimental, pues no lo utilizo (si en libros, pero no en diarios digitales, blogs, etc.), quiero hacerlo en forma prácticamente de cuento, de relato corto, un relato que simplemente pretende ser inspirador, motivador, que simplemente pretende ser una luz más para que todos esos que están sufriendo por sus negocios reencuentren su camino, y lo más importante encuentren la forma de readaptar o de transformar su negocio:

“Hacia tiempo que había perdido esa frescura de antaño, esa jovialidad y esas ganas de vivir la vida. Nunca había sido una persona especialmente alegre, pero siempre había sido una persona con unas grandes ganas de vivir, de luchar. Una de esas personas parca en expresar sus sentimientos, pero exuberante en la forma de vivir la vida. Una vida intensa y desacomplejada, una vida de luces y de sombras, pero en definitiva su vida, y ahora esa vida se tambaleaba.

No hace mucho le diagnosticaron un grave problema de salud, un problema de esos paralizantes, que atemorizan. Un problema al que él siempre había querido rehusar, negar, ocultar la posibilidad de que pudiese padecerlo. Siempre renegó de la posibilidad de enfermar, siempre renegó de la posibilidad de vivir enfermo, y ahora postrado en esa cama, se encontraba ante la gran encrucijada de su vida, una encrucijada sin un destino claro, pero desgraciadamente podía ser un destino demasiado claro.

Ante él se imponía un cambio de vida, un cambio de mentalidad. La realidad en la que había vivido le imponía solo un final, un triste, cruel y rápidamente amargo final, al contrario, tenia alternativa que podían hacer posible revertir esa situación, volver a ser él. Pero precisamente en ese punto se encontraba la gran paradoja, no se trataba de revertir una situación, se trataba de revertir un estilo, unas formas que a su vez revertirían la situación, pero revertir esas formas, no era revertir algo fácil, revertir la situación requería revertirse él.

Y él se encontraba cansado, debilitado, perdido. Se encontraba en medio del todo y a la vez en el camino del abismo de la nada. Tenía en sus manos el todo, pero ese todo era renunciar a todo lo que había sido, a todo en lo que había creído. Para ser todo debía ser nada, y para ser nada debía poner en marcha todo. La verdad, es que no sabía si ya no tenía interés para cambiar o simplemente se sentía cansado de luchar.

Si dejaba de luchar perdía, si perdía moría. Y entonces pensó, se iluminó, volvió a recobrar la tersura, la luminosidad, la lucidez, volvió a recuperar aquella energía y sonrisa que siempre le había caracterizado, pero especialmente había recuperado las ganas de soñar, y al soñar recupero las ganas de vivir, y vivir se convirtió en su único camino, en su único destino. Un destino que lo encontró en el corazón, en el corazón que le abrió las puertas del cambio, y en el corazón que vencido, doblego las resistencias que le atenazaban. Le doblego cual árbol es doblegado, y que solo doblándose puede renacer erguido, erguido rehusando morir, anhelando volver a vivir”.

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