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¿Cómo se mide el capital humano? ¿Qué otros tipos de capital existen?

Uno de los conceptos más importantes en ciencia económica es el del capital. Se trata de uno de los cuatro factores de producción y se suma en este grupo a la tierra, el trabajo y la tecnología. El capital son los recursos, donde también entran las personas, pero también los bienes e instrumentos que son utilizados para crear valor mediante la fabricación de bienes y servicios.

El capital tiene como objetivo generar ganancias o intereses a cambio de realizar una actividad productiva o bien ofrecer un instrumento financiero en el que poder invertir dinero. Con el capital, incluido  el Capital humano, se genera más valor.

¿Qué tipos de capital existen?

El capital se puede clasificar en torno a diferentes criterios. Así, según el propietario del mismo se habla de capital público y privado. El primero hace referencia al que pertenece a gobiernos o Estados. Las carreteras públicas, por ejemplo, son capital de este tipo. En cambio el privado es el que pertenece a particulares, empresas u organizaciones.

La teoría económica comunista habla de la socialización de los medios de producción, es decir, que los medios de producción pertenezcan a gobiernos o Estados teniendo un carácter público, pero no limita esa propiedad a los bienes de consumo.

Otra fórmula es hablar de capital tangible e intangible. El tangible es el capital que es físico, se puede ver y tocar, como por ejemplo una plantación de frutales. El intangible es lo contrario, una marca, un logotipo. Eso no se puede tocar, aunque sí se le puede dar un valor.

Capital natural, social, humano y financiero

El meollo de la cuestión es clasificar el capital a tenor de su función. Aquí podemos hablar de capital natural, social, humano y financiero. El natural hace referencia a los flujos de energía y materia que acaban produciendo bienes y servicios.

Este término incluye recursos, procesos y fregaderos. Los procesos regulan los recursos y los fregaderos. Este último concepto hace referencia a aquellos medios que absorben, neutralizan o reciclan los recursos derivados de los recursos, que son precisamente esos flujos de energía y materia. Pueden ser renovables o no renovables.

El capital natural es la base de la economía productiva, pero requiere la participación del capital humano, que agrupa los conocimientos, las habilidades y la motivación de las personas, así como su propia salud. Sin capital humano es imposible el proceso productivo.

El capital humano se alimenta a través de procesos educativos y formativos. Estos son impulsados por el capital social, las familias, organizaciones e instituciones: sindicatos, empresas, escuelas… que tejen esas relaciones de convivencia entre las personas.

Finalmente, no hay que olvidar el capital financiero, que es el más polémico de todos, pues no se basa en un valor real, sino en acciones, bonos o billetes. Está sujeto a procesos de especulación y representa económicamente al resto de capitales.

¿Cómo se mide el capital humano?

Existen muchas fórmulas para medir el capital humano, ya sea en el ámbito puramente empresarial o trasladando esta idea al desarrollo de un país o un determinado territorio. Te proponemos algunos indicadores de gran utilidad para comprobar la validez y el grado de satisfacción de los empleados en una empresa pero que pueden ser dirigidos hacia otros ámbitos.

El índice de rotación personal, por ejemplo, muestra cuánto de conforme y motivada está la plantilla de una empresa. Siempre que ese ratio sea inferior al 5%, la consecuencia más reseñable es que esa organización cuida de sus empleados.

Por el contrario, si la rotación es muy elevada es que algo no está funcionando bien y hay que introducir nuevos sistemas para reclutar empleados, mejorar su capacitación e introducirles a través de buena motivación mayor compromiso y sentimiento de pertenencia.

Evitar la pérdida de talento

La retención de talento es otro de esos indicadores clave. En este punto fallan muchas empresas por su incapacidad de ofrecer buena contrapartida al capital humano con el que cuentan. Si ampliamos el punto de mira y no nos centramos únicamente en el ámbito empresarial, una consecuencia clara de la falta de retención de talentos es como afecta la fuga de cerebros a ciertos territorios.

España es un ejemplo claro de esta realidad, pues son miles de profesionales muy bien formados los que no encuentran la oportunidad de seguir creciendo en el ámbito profesional y tienen que cumplir sus expectativas en el extranjero. Se ve en escenarios como la sanidad, la enfermería, las nuevas tecnologías, la ingeniería o la informática.

A su vez, yendo al plano más cercano en lo territorial, las grandes urbes de población, especialmente Madrid y Barcelona, actúan como núcleos que atraen el talento que se genera en otros territorios, dejando esos espacios más abandonados y sin posibilidad de desarrollo local.

Un último indicador que ayuda a comprender la relevancia del capital humano es el absentismo laboral. Este parámetro no solo refleja un dato que es obvio, a más absentismo, menor posibilidad de ganar en productividad, sino que abre un escenario más profundo acerca de la motivación del empleado, su compromiso con el trabajo y el crecimiento de la empresa. El capital humano, del que también forma el capital intelectual, es un factor diferenciador para el crecimiento de una empresa o un territorio, un aspecto que es necesario cuidar al máximo para lograr el éxito en los mercados actuales.