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Coworking en Madrid: de la reducción de costes al fomento de la creatividad

Coworking en Madrid


Des del 2012, España se encuentra en el podio de los países con más espacios de coworking en el mundo. Entre otras causas, a raíz de la crisis del 2008 que condujo a muchos emprendedores y empresas emergentes a buscar dónde establecerse sin tener que afrontar grandes costes. En Madrid, como apunta Belbex, existen al menos 480 espacios de coworking dispuestos a incubar las ventajas de esta modalidad de trabajo de hoy y del mañana.

Para trabajadores independientes e incluso pymes

En los últimos años, nuestro modo de trabajar se ha ido adaptando a todos los cambios implícitos a nuestra progresiva evolución creando un camino de múltiples bifurcaciones que tanto se traducen en el trabajo a distancia como en el espacio colaborativo. En este último punto, el llamado coworking ha resultado de gran utilidad para muchos profesionales independientes, puesto que toma la idea de la labor individual que ejercen distintos individuos para agruparlos en un mismo entorno. Es decir, la creación de espacios compartidos entre distintos trabajadores independientes e incluso pymes y que, a su vez, es un modo de maravilloso de influencia creativa.

De hecho, esta modalidad está ya tan arraigada a la sociedad moderna que el coworking en Madrid goza, según el mapeo de Belbex, de al menos 480 espacios en alquiler para dicho objetivo. Todos, cumpliendo con todo tipo de características según la necesidad del usuario, pero, en suma, concatenando con sus ejemplos la idea de hallar un espacio que llame a la proactividad, el vigor creativoy la asequibilidad. Dado que, en términos económicos, resulta mucho más provechoso para nuestro bolsillo o el de nuestra pequeña empresa compartir un lugar de alquiler con otros activos en lugar de adquirirlo bajo el riesgo que ello implica.

Un lugar de trabajo permanente y sin tanta responsabilidad

Uno de los ejemplos de aplicación más entendibles del coworking lo toman oficios itinerantes, como pueden ser el de fotógrafo o incluso periodista, aunque, como se ha mencionado, también dé cabida a otros quehaceres. Es común encontrarse con trabajadores independientes que, dado que viajan por distintos países, acuden a centros de coworking con sus portátiles, se establecen en el lugar y dan rienda suelta a su creatividad. Del mismo modo, ello permite no estar sujeto a responsabilidades a la par que disfrutar de un lugar de trabajo permanente. Por ese motivo, dichos espacios proporcionan recursos básicos como Internet o un escritorio propio.

De algún modo, los espacios de coworking guardan relación con los llamados distritos financieros, dado que se trata de la ubicación centralizada en una ciudad que aglutina comercios y oficinas, a menudo con grandes rascacielos. Asimismo, el distrito financiero en Madrid engloba distintos centros de coworking como en Azca, gozando de nada más y nada menos que de más de 3.000 espacios de coworking. Una cifra totalmente comprensible atendiendo a las necesidades que precisa el mundo financiero, donde viajar por motivos de negocio está a la orden del día y por lo que es conveniente saber dónde acudir si el lugar de destino es una ciudad como Madrid.  

Compartir para crear

No es de extrañar que, ya en las universidades, se fomente el coworking como una opción, más que elegible, determinante para el trabajador y la nueva empresa. En un mundo sometido a la interacción a través de la red, y contando con la autonomía de miles de trabajadores que han de trasladarse periódicamente a una u otra parte, estos espacios son un verdadero oasis para el trabajo. Especialmente, para empresas emergentes y emprendedores, dado que las dificultades económicas de un comienzo desde cero, sobre todo por cuanto se refiere a la obtención de un centro de operaciones propio, resulta tan intangible.

Esto sucede, como ejemplo, en el ámbito audiovisual, cuyos activos son cada año más numerosos, contando con infinidad de profesionales que, a pesar de su talento, carecen de lugar donde establecer su productora. Del mismo modo, y siguiendo con este ejemplo práctico, es posible que de la compartición de un espacio de trabajo nazca una posible unión de fuerzas, donde la cooperación entre distintas productoras pueda dar lugar a fantásticos proyectos que, de otro modo, quizá, jamás hubieran llegado a puerto. En ese sentido, es posible que un grupo especialista en dirección de fotografía encuentre en su espacio de coworking un equipo de renderización 3D con el que, complementándose, fraguar una útil sociedad.

España en el podio de países con más oficinas de coworking

La globalización ha traído, en otros parámetros, la necesidad de adaptarse con rapidez a todo cambio, saber trabajar desde la individualidad y, por supuesto, junto con la masificación del todo, trabajar en equipo aunque no se compartan objetivos. Des del 2012, España es el tercer país a nivel mundial con más oficinas de coworking, ranquin que ocupa, entre otros factores, a raíz de la crisis económica del 2008 y la necesidad de muchos trabajadores freelance y autónomos de cubrir su espacio de trabajo sin tener que afrontar grandes costes. Un experimento que, aunque nacido de un desastre, es una tendencia al alza con todas las de seguir creciendo.

En definitiva, el coworking no es más que una consecuencia del ritmo laboral que rige el mundo y, a su vez, refugio para pymes y trabajadores emergentes. Un modo asequible de fomentar su desarrollo sin invertir grandes fondos, democratizando así el acceso al mercado de muchísimos autónomos y, como guinda del pastel, permitiendo esa mencionada atmósfera creativa que induce al perfeccionamiento. En Madrid, disponiendo de una gran cantidad de oficinas disponibles como las que señala Belbex y que, sin lugar a dudas, cumplen con toda expectativa. Porque, al fin y al cabo, no todo trata sobre el talento, sino que también sobre ese preciso contexto y el perfecto ambiente que fomentan en nosotros la seguridad sobre nuestras aptitudes.